
Me llamo Gema. No, Elena. No, Sara. Bueno, llamadme X.
Tengo 17 años & me encuentro en plena adolescencia, en la etapa más feliz de la vida de una persona, aunque debo ser la excepción.
¿Que si soy feliz? No. Es evidente que no.
Desde que tengo uso de razón me he estado restringiendo alimentos. Recuerdo cuando apenas tenía 7 u 8 años... Escondía la comida en la terraza, detrás de un gran mueble donde mis padres dejaban latas de conserva, bolsas de basura & ese tipo de cosas. Estuve años escondiendo allí todos aquellos alimentos que me obligaban a comer & yo no quería. ¿Por qué no me los comía? Ni yo misma lo se... Recordando esto me doy cuenta de que mi ED se remonta a hace más de la mitad de mi vida. A través de él ha aparecido mi distorsión visual sobre mi cuerpo, mi inseguridad & mi bajo autoestima, por no decir inexistente.
¿Qué suelen hacer las niñas cuando se les llama gordas? Pasar del tema, seguir sonriendo & devolver los insultos a esos niños crueles típicos de nuestra infancia. Pero no. Yo no pasé, sino que me empequeñecí. Usé la comida como vía de escape & comía a escondidas, comía como si fuese lo último que fuese a hacer. Porque la comida me hacía feliz, aunque al mismo tiempo me autodestruía.
Cuando llegó Mía a mi vida, me sentí feliz. Podía comer todo lo que quisiese & después vomitarlo. Era una sensación asquerosa, me sangraban los nudillos de la insistencia, tenía los ojos inyectados en sangre constantemente & me salían las típica manchitas en la cara por hacer fuerza. Pero no me importaba, tenía el control, podía comer lo que yo quisiese...
No duró mucho tiempo. Cada vez me sentía peor. ¿Por qué los demás niños comían & no vomitaban? ¿Por qué los demás no comían con mi mismo ansia? ¿Por qué eran ajenos a todo?
A partir de ese momento, comer estaba prohibido para mí. Conocí a Ana, & fue lo mejor que pude hacer, o eso me pareció. Evidentemente, había veces que mi control flojeaba & me atracaba, pero Mía estaba allí para salvarme... Mi querida & traicionera amiga...
Ana estaba celosa de Mía, quería tenerme solo para ella, asique solo veía a Mía cada mucho tiempo, a escondidas, pero Ana siempre se enteraba. Entonces conocí a otra amiga, la cuchilla. Me ayudaba a no sentirme tan culpable por haber engañado a Ana. Definitivamente, Mía debía desaparecer.
Todo parecía ir bien. Mía seguía visitandome de vez en cuando, pero Ana se había ido. Sonreí. Nadie quiere una amiga tan controladora, nadie quiere que su amiga le obligue a hacer cosas que ella no quiere... o mejor dicho, quiere & no quiere a la vez.
Pero Ana volvió. & volvió con más fuerza. Me dejaba ver a Mía, pero muy pocas veces. Ella ocupaba todo mi tiempo, todos mis pensamientos. Me dominaba. Ana me daba lo que yo quería, a cambio de que yo le fuese fiel. A veces Ana no cumplía su parte del trato, por lo que yo acudía a Mía. Pero Ana siempre sabe hacerme volver. SIEMPRE.
Mis padres cuando se enteraron de mi amistad con Ana, no lo aceptaron. Me intentaron convencer de que Ana no era una buena influencia, que debía buscar nuevas amistades. Así pues, tuve que fingir frente a ellos que ya no era amiga de Ana, por lo que tuve que dejarla un poco aparte. Mía vino a consolarme siempre que yo lo necesitaba.
Ahora Ana ha vuelto, mis padres lo saben, pero no pueden hacer nada. Ana es más fuerte que nunca & yo... más débil que antes.